El servicio y el ministerio desde la espiritualidad del Corazón


Olivier Lotele Mboba, msscc

 

INTRODUCCIÓN.

 

Una semana de reflexión teológica, sobre la espiritualidad de los SS.CC., acompañada por el P. Manuel Soler a los estudiantes de teología, en Bs.As.,surgió el interés de poder investigar y aportar sobre el tema de servicio y el ministerio, enfocándolo desde la espiritualidad del Corazón. Un estudio  sobre  el significado de los vocablos de servicio y ministerio, que no tuviese otro alcance que la mirada al Corazón de Jesús desde el carisma de nuestro fundador, carecería de sentido.

Es cierto que acerca del servicio y ministerio, varios autores han elaborado e investigado muy buenas reflexiones, pero lo que en común creen es suficiente para la esperanza y la plenitud de amor que está en Cristo. La amplitud de estos temas es regular porque se relacionan entre ellos y se fundamenta en los gestos, actitudes, palabras y obras del Maestro-Jesús. Por ello, no nos interesamos en evidenciar un aspecto sobre otro.

Sin embargo, siguiendo la exposición del P. Manuel Soler y los objetivos planteados, nuestro estudio se focaliza desde la mirada de nuestra espiritualidad propia y de nuestro fundador. No se trata de una teología espiritual, más bien un testimonio de amor y de fe basado en la experiencia de vida de oración y de encuentro con el Dios de Jesús que experimentó nuestro fundador.

Asimismo, este modesto estudio, consiste en hacer una investigación desde los distintos diccionarios para relacionarlos con la espiritualidad del Corazón. Luego, entrar en la vida de Jesús histórico, sus obras y palabras como signos de credibilidad para la salvación de los hombres, de los pobres. Intentaremos ver cuales fueron los valores del Corazón de Jesús, su libertad y el respecto al cumplimiento de la voluntad del Padre en su vida. Finalmente, analizaremos el aspecto de la misión fundamental de nuestra Congregación desde la perspectiva del Fundador, en los textos básicos -carismáticos nuestros. Nos queda un aporte sobre la figura del buen pastor y servidor que hace de enlace con la espiritualidad de los SS.CC.

La perspectiva que se plantea en esa reflexión, consiste en visualizar la herencia recibida de Jesús y de nuestro Fundador. Por ello, estas páginas nos ayudaran a comprender y a entrar en este itinerario establecido por Jesús maestro y que siguió de cerca nuestro fundador.

 

 

I. DEFINICIÓN DE LOS CONCEPTOS.

 

Nuestro tema tiene su complejidad en cuanto a su amplitud, a la hora de su desarrollo. Por ello, nos limitaremos en hacer en el primer lugar una mirada a las definiciones desde diversos diccionarios, en un segundo momento haremos una  breve relación con nuestro carisma.

En efecto, esta primera parte de nuestra reflexión, trataremos de buscar en los diccionarios bíblicos, las distintas definiciones sobre los vocablos: “servicio, ministerio y corazón”, relacionándolos entre ellos dentro del marco de la Espiritualidad del Corazón.

Servicio: en griego[1] Diakonia, del verbo diakonein, significa servir, prestar servicio, socorrer, ayudar, proveer. En francés, le service, que se soit le service de Dieu ou le service du prochain, loin d’être una attitude parmi d’autres, est au centre de la vie chrétienne et de toute spiritualité.

En la base de toda su acción, hay una propuesta de seguimiento para un servicio (Mc 1,16-20). En esta misma base de seguimiento hay una actitud de confianza y una incondicional adhesión a la persona de Jesús[2]. Una experiencia de la gracia liberante. Una obediencia a un llamamiento  realizado en un carisma que viene de Dios. Es el modo como Dios quiere ser servido por su Iglesia. Pablo , en cuanto apóstol, se declara  siervo (doulos) de Cristo Jesús. Apóstol por llamamiento divino (Rom. 1,1, Cf. Flp 1,1, Tit 1,1)[3]

La constitución dogmática del Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 41, intenta entender este servicio como un deber desde los propios dones y las gracias recibidas que tienen que caminar sin vacilación por el camino de la fe viva, y que invitan a la esperanza y obran por la caridad. Este debe ser visto según la figura de Jesús pobre y humilde que hace participar a la gloria eterna.

Ministerio: servicio, función, leitourgia, la ayuda a los necesitados y la observancia de los mandamientos, son una diakonia encomendada a todos.[4]

Un poder al servicio de una comunidad, de un pueblo. Este poder se refiere a lo que Jesús comunicó a sus discípulos para servir a los hombres y a su comunidad. Este poder en griego”exousia” es quien puede actuar sin obstáculos, porque no hay instancia, norma o derecho que se lo impiden (...), es un poder que hace crecer, que salva.[5] No obstante la terminología, aunque suene distinto, en su significado, se halla una cierta correlación. Ahora bien, subrayaríamos la palabra “so-cor-rer” como enlace de esta correlación. Es prestar atención, tener buena intencionalidad y ayudar con el corazón. Porque asimismo la palabra so-cor-rer, tiene una resonancia del y con el corazón, como una entidad centrífuga. Lo cual, permite tener buena intencionalidad, compasión, bondad y misericordia.

El P. Manuel Soler[6]detalla claramente esta dimensión centrífuga del corazón como núcleo vital de la persona contemplada desde dentro, desde su mayor interioridad. Se apunta a los pensamientos, sentimientos, actitudes y proyectos más encubiertos y personales. Es como la raíz de la persona entera. Este núcleo  vital de la persona sigue el autor, su urdimbre más profunda está conformada por la afectividad, la capacidad y necesidad de amar y ser amado. El corazón es pues, el lugar donde Dios habita, actúa y se comunica.

Al hacer hincapié sobre el hecho que el servicio no es imprescindible para el corazón, sino más bien, necesita un corazón en lo cual brilla en  todos los gestos y palabras del ser humano[7]. Esto alude directamente a la totalidad semántica de la espiritualidad del corazón que a la hora de la aplicación, impregna todo el ser en una vivencia constante y asidua.

Ahora bien, no obstante los datos recogidos en diversos diccionarios, el ministerio sacricordiano en la línea de nuestro carisma desvela justamente esta disponibilidad para la misión. Esta misión está vista como un servicio prestado y dado al mundo de los pobres, de los traspasados, de aquellos que le faltan el afecto, el cariño, la ternura... En definitiva, aquellos cuyo corazón se quebró por causa del alejamiento de Dios, de aquellos atravesados por las situaciones de opresión, de discriminación, de injusticia.

Después de este recorrido por los diccionarios, vocabularios y otras obras dedicada al concepto “Corazón”, nos ha parecido de una evidencia, hacer un eco rotundo sobre el carácter intrínsecamente del poder (exousia) que fuimos detallado anteriormente y que mueve la persona a actuar buenamente y con una intencionalidad límpida y que este poder asimismo nos viene del Señor Jesucristo.[8] Puesto que la apertura para acoger este poder está presente desde el bautismo, vamos hacer hincapié al conocimiento del hombre para el hombre, es decir el conocer de sí mismo para entender mejor al otro. En otros términos, la disposición de recibir para dar gratuitamente, un movimiento de vaciamiento para rellenarse, don y tarea. Toda esta oscilación  halla su clímax en la aplicación de la caridad con y por los pobres, a ejemplo de Jesús que se hizo pobre para salvar a los pobres.

 

II. JESÚS: KÉNOSIS Y LA SALVACIÓN DE LOS ANAWIN.

 

Este punto consistiría en desarrollar la kénosis como similar a la encarnación, e iríamos por la línea del corazón y la misericordia. Podríamos también recuperar el significado de algunos textos bíblicos y sobre todo enfocaríamos las bienaventuranzas. Después de una breve lectura de los valores del corazón de Jesús y el cómo vivió su libertad. Terminaríamos esta parte con un comentario del cuarto evangelio los capítulos 10 y15.

 

1. Kénosis.

La noción de “kénosis” como manifestación concreta del misterio de la encarnación halla su culminación en este mandato que deriva del dialogo entre Dios y el clamor de su pueblo. Dios se hizo hombre para el servicio que permitiera la salvación de todos los hombres. Por ello, san Pablo[9] detalla esta dimensión de la kénosis de Jesús como igual al Padre que se dispuso al servicio del hombre para salvarlo. Es decir, que Jesús prestó su servicio desde el poder que el ha recibido del Padre. En otro término, el poder ontológico, para  que el hombre caído, el anawin pueda encontrar su respiro, su pertenencia como el amado del Padre. Y desde allí,  que pueda el hombre, transmitir de ante mano todo lo que ha recibido de Jesús, puesto que, la kénosis es nada menos que el servicio, el socorro que Jesús ha prestado para salvar a todos los hombres.

El P. Manuel Soler[10] hace el análisis de la kénosis como encarnación partiendo del cuarto evangelio 1,14. Pero, a nosotros, nos interesa la analogía que hace el autor, de Jesús con la vida humana en general, sobre todo con todo el camino de la vida y sus componentes: “ El Verbo, el Hijo del Padre ha querido tener un corazón como el de sus hermanos, los hombres. El experimentará las dificultades, obstáculos y debilidades excepto los que se identifican con el pecado, en el camino de la vida”.  Es decir Jesús apostó para la vida humana en su plenitud excepto del pecado a fin de poder tocar desde la raíz, la miseria del hombre y brindarle el camino de salida.

Anselm Grûn y Meinrad Dufner[11] dicen: “vemos a un Jesús tierno y misericordioso con los débiles y pecadores, un Jesús que se dirige intencionadamente a los pecadores y publícanos porque los encuentra abiertos al amor de Dios”. Es decir en éstos su corazón está indiviso.

La encarnación de Jesús es para la salvación de los anawin porque el mismo Jesús en los evangelios es presentado como hombre de los pobres, rodeado de pobres y servicial con los pobres.[12] Siendo verdaderamente hombre, hizo hincapié a la condición humana proponiendo un itinerario hacia la salvación: las bienaventuranzas. Este itinerario es meramente aquel camino sin el cual la salvación no es posible. Jesús hombre de corazón y de misericordia abrió su costado para que derramara sobre los pobres el sabor y el gusto de la plenitud de vida celestial aquí, en la tierra.

El texto de Lucas 4, 18-19 nos ayudará a visualizar como Jesús expone el contenido de su itinerario hacia el hombre. Y luego, entraríamos en el análisis de las bienaventuranzas. En este texto de Lucas, no cabe duda que Jesús, cita el texto del Antiguo Testamento, del libro de Isaías 61, 1-2. lo personifica y lo contextualiza en su momento. En los comentarios bíblicos, el autor[13]explicando dicho texto, dice que referente a Isaías, op.cit., Lucas omitió una línea: “Sanar a los contritos de corazón” y que el mismo del evangelio reemplaza esta omisión con otra frase del mismo Isaías, esta vez del v. 58,6: “para liberar a los oprimidos”.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, conferido y confirmado en el acto del bautismo, lleno del poder del Padre, anuncia su itinerario misionero. Señala su acción como prueba de su misión mesiánica. El Kairós ha llegado, ya está presente en medio del mundo, para sanar a los contritos de corazón y liberar a los oprimidos. Ahora bien, las bienaventuranzas como las hemos enunciado, nos guiarán a una profundización. De ellas, destaquemos algunos aspectos explicativos  a la luz de lo que nos propone Pierre Bonnard[14], subrayando el evangelio de Mateo 5, 3-11.

·          Bienaventurado los mansos (V4), es decir, los no violentos, que no son más por su condición y necesidad que por su inclinación natural. Dice el autor, no tienen nada que decir, ningún medio de hacer triunfar sus derechos. Por ello, Jesús testificando esta actitud dando el ejemplo de su vida frente al tumulto socio político de su momento[15]. El callar de Jesús frente al sumo sacerdote, es un evidente signo de no violencia.

·         (...) los que tienen hambre y sed (V6),designan un deseo ardiente, una necesidad del corazón y del cuerpo; el hombre que tiene hambre y sed, está en el limite de la resistencia. La justicia del bienaventurado es el veredicto soberano de Dios que libera por fin a los oprimidos. De tal modo Jesús prestó su servicio para que el hombre tenga a menudo el Reino de Dios, definitivamente establecido.

·         (...) los misericordiosos (v7): son los que ejercen la misericordia y se compadecen de los afligidos. Se trata de ayuda mutua fraternal y de mutuo perdón de las ofensas. Esto es justamente la clave de la salvación, porque Jesús nos hizo hermano-amigo suyo para que nosotros podamos en revancha hacernos hermanos-amigos entre nosotros.

·         (...) los limpios de corazón (V8): no es según el autor, hombres puros por su corazón, sino del corazón no dividido, sincero, leal, servidor de Dios y de los hombres con todo su corazón, sin cálculos interesados o fingida piedad, es el hombre que no jura para engañar.

·         (...) los que trabajan por la paz, no son los que viven en paz, sino los que la hacen, la crean, primero sin duda, a nivel de las relaciones humanas y comunitarias de todos los días.

Por consiguiente, la encarnación, praxis de misericordia y justicia, cargar con lo oneroso de la realidad, pasar por la cruz, dejarse llevar por la realidad, todo ello culmina en vivir ya como resucitados en la historia. De esa forma el seguimiento de Jesús no es otra cosa que vivir con el espíritu de Jesús, central en toda espiritualidad cristiana[16].

 

2. Los valores del Corazón de Jesús.

En este apartado, realizaríamos un tiraje de los valores del corazón de Jesús partiendo de algunos textos del Nuevo Testamento. Jesús humanamente hablando, sintió el afecto, el dolor, perdonó, tuvo compasión, mostró la medida de su corazón y de su bondad.

* Ef. 3, 16-19[17]: Tener fe en Jesús es conocer el amor inconmensurable de su corazón que al mismo tiempo transmite a los corazones de los hombres. Entonces, Jesús dio a conocer la amplitud  sin limite de su afecto a aquellos que lo necesitan, a aquellos que se disponen para recibir esta gracia  que les ofrece gratuitamente, como condición de creer en El.

*Mt. 9, 36[18]: Se ve que Jesús tuvo compasión, vio y sintió la compasión, por ello, este mismo itinerario consiste, una vez recibido este don de compasión, podamos compadecernos mutuamente.

*Mt. 11,28-30[19]: Jesús toma la iniciativa de invitar a aquellos caídos para que en él encuentren el alivio. Jesús es el único que puede tomar el peso de nuestro pecado para purificarlo. Jesús muestra la profundidad y el sentido profundo de su corazón que es humilde y manso, e invita a tener estas actitudes del corazón de Jesús.

*Lc. 4, 18-19: Ya lo hemos tratado específicamente en las líneas anteriores.

*Gal. 4,6[20]: Jesús Hijo del Padre, no hace hijos y que nos permite de clamar a Dios !Abba¡

 

3. La libertad y el respeto.

La teología de los sinópticos, presenta  la figura de Jesús ya ganando la población, pero nunca imponiendo su deseo para que el necesitado sea aliviado. Mas bien, permitió un intercambio libre y deseable. En sus momentos sobretodo, en los milagros, se nota repetidamente estas expresiones: tu fe te ha salvado ( en caso de la hemorroisa) , otra, si crees en el Hijo del hombre (Marta en el momento de la muerte de Lázaro)... Jesús, un hombre de plena libertad, la vivió y la respetó. En el misterio de la cruz, y bien antes, en Getsemaní, en el trance de la angustia, no cambió el itinerario de su misión, se dejó llevar por la libertad compartida, de El con su Padre y del Padre con El. Allí en la cruz, momento de pleno cumplimento de la libertad, Jesús se abandonó frente a la propuesta del Padre, para  que todos los hombres se salven. Asumió libremente la pasión y la muerte, por eso el Padre lo elevó resucitándolo de entre los muertos.

 

4. Comentario del cuarto evangelio 15,1-16 desde el Padre Fundador.

Nuestro fundador, eligió dos textos fundamentales para dinamizar este encuentro con Dios y con todo lo que supone como respuesta favorable a este encuentro con Dios; son Mt 6,33 y Jn 15,16[21]. En el caso del texto del cuarto evangelio,  tiene su alcance en nuestra espiritualidad como punto de partida y de llegada. De partida porque es el Dios quien nos eligió, es Él quien sale a nuestro encuentro. De llegada, porque con el don recibido, se tiene que producir y dar buenos frutos y duraderos. Es por ello, que al igual que el fundador, somos identificados y ligados a este texto como fuente inspiradora de nuestra respuesta a Dios desde el llamamiento inicial. Es decir, desde el bautismo somos llamados a fructificar este don del amor que manifestó Dios a su Hijo quien nos hace partícipes a lo mismo. Nuestro fundamento está en el versículo 16, lo cual cabría sin duda según nuestro parecer, aproximarnos desde el planteo de Joseph Blank[22]: Ese fruto debe permanecer. Pues el permanecer no es otra cosa que el estado adquirido por el hombre cuando se entrega a la acción del amor. Asimismo responde a la comunión divina, a la amistad de Jesús el que se asegura la plena acogida a la oración en nombre de Jesús.

Sin pretender comparar el fundador con dicho autor citado anteriormente, por que es cierto que lo nuestro es anterior, pero sin embargo, leer el fundador en el día de hoy, merece un enaltecimiento por su gran pasión del amor de Dios hacia los hombres. El fundador supo permanecer en este amor recibido desde el bautismo y se lo transmitió en dos aspectos: dar testimonio de vida, siendo ejemplares en las virtudes ante el pueblo y ante los sacerdotes, nuestros compañeros y la predicación de la divina palabra. Si algún día traicionáramos esta misión profética, sus huesos saltarían en la misma tumba para protestar[23]

El texto de Mateo 6,33-34 muestra que este reino debe ser una actitud de servicio para  que sea justamente lo primero a buscar, tener y lograr. Nos atrevemos a decir que leyendo al fundador hoy día, este reino equivale a este servicio como disponibilidad e igualdad a la hora de compartir las experiencias.

En suma, en los dos textos citados, el fundador los considera como el lift motive de todo nuestro carisma y también como forma de la vida cristiana. El fundador supo encontrar y dar sentido a estos textos. Por ello, nosotros recalcamos estos como imprescindibles para nuestra vivencia cristiana, como propiamente para la vida  de un misionero de los Sagrados Corazones.

 

 

III. SACERDOTE: BUEN PASTOR Y SERVIDOR.

 

Este calificativo del buen Pastor, se encuentra referido en el evangelio de Juan, quien lo atribuye a Jesús. Ser pastor es símbolo de cumplir el mandato del Señor Jesús, es de apacentar las ovejas. Ser pastor es condición sine qua non de amar a Jesús. Pues, el amor a Jesús  es el enlace para ser verdaderamente un buen pastor. Ser pastor es ser servidor, aquel que está atento de sus feligreses. Por eso el ejemplo de nuestro fundador, diríamos que él ha sido un pastor itinerante, quien siempre se preocupó de aquellos sedientos de la palabra de Dios. El fundador ha podido amar a Dios, por eso, ha sido un buen pastor de su rebaño.  Por consiguiente, nos ha dejado este tesoro  que es el amor a Dios y de los hombres, como itinerario misionero, como aproximación a la gente y aquellos anawin de los que nos habla la palabra de Dios.

 

a) La espiritualidad de  los SS.CC.: Misión y servicio.

Nuestra espiritualidad del desierto se basa esencialmente sobre el texto de Oseas 2,16. Una de las características es este encuentro a solas con Dios[24], este Dios que se enamora que atrae[25] desde y con el corazón para trasformarlo en un pozo donde emana el manantial del agua viva.

En Oseas, Dios habla a Israel y le dice: “por eso voy a seducirla, voy a llevarla al desierto y le hablaré al corazón”. Hablarle al corazón es justamente lo que hace un muchacho cuando se dirige a la joven de sus sueños. Imagina todas las argucias posibles e incluso algunas imposibles para atraer su atención y conseguir su simpatía y su amor. Exactamente así se muestra ahora Dios. Nos lleva hasta el desierto y habla a nuestro corazón. Nuestro amor significa mucho para él[26]

En este apartado, no profundizaríamos nuestra espiritualidad, sino veríamos cómo esta espiritualidad lleva este itinerario misionero que nos mostró Jesús, dentro del desarrollo del evangelio de Lucas 4, 18-19 y también el análisis de Pierre Bonnard sobre las bienaventuranzas que ya anteriormente analizamos. Siguiendo en nuestro directorio[27] y explicitando las Reglas, traza esta línea misionera, como espiritualidad desde la misión y prestando el servicio que sea necesario, según los signos de los tiempos.

Esta misión halla su sabor en la contemplación, pero una contemplación misionera. Porque desde inicio de la Congregación, el fundador, quiso el estilo de la vida contemplativa, pero los caminos de Dios no son siempre los de nuestros, por eso, luego de haber contemplando el amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de Maria en el Tabor, se tuvo que dejar la soledad para actuar, transmitiendo el fuego de este amor de los Sagrados Corazones a los hombres. Es así como nuestra contemplación se convierte en misión, predicando y acompañando a los deprimidos, traspasados y aislados de la sociedad, sedientos de este ardiente amor.

Aunque puede y debe haber una renovación en el modo de concebir el culto al Corazón de Cristo y de María, asociada a la obra de la Redención, la misión de amor que vio el P. Fundador nacer de esta espiritualidad puede recobrar hoy una renovada y más amplia actualidad. En un mundo que se siente más unido por múltiples lazos y que busca todavía una mayor unidad, la Iglesia toma conciencia de ser ante todo un Misterio de comunión de la caridad, y germen de unidad en el mundo, como familia de Dios, como Sacramento de unidad[28].

A continuación, nuestra misión es la expresión de nuestro servicio que prestamos de acuerdo a la necesidad vigente. Por consiguiente, por opción y desde de la cultura de la Congregación, optamos trabajar en la periferia, lugares donde cuesta ir: “(...) tenemos un oído atento y gran disponibilidad para correr a los lugares más necesitados, dejando en segundo término aquellas iglesias que pueden desenvolverse por sí mismas[29]. Nuestro servicio para la misión parte desde nuestra Consagración a Dios, en la Iglesia y su pertenencia a la Congregación. Acá nos referimos a la formula de nuestra consagración, signo ejemplar de esta disponibilidad integra a Dios hacia nuestros hermanos necesitados, y hacia la fidelidad al estilo que nos ofrece esta familia consagrada:“ Recibid, Dios benditísimo, por la preciosa sangre que salió del Sagrado Corazón de mi amable Redentor Jesús, al ser atravesado por la cruel lanzada, y por los dolores del Inmaculado corazón de María, la promesa de no pertenecer sino a Vos solo. Aceptad este pequeño sacrifico de mis bienes, de mi cuerpo y de mi libertad, en olor suavísimo; y hacedme la singular gracia de cumplir lo que por vuestra gran misericordia me habéis inspirado os prometa ”[30].

También esta misión tiene su arranque como que se debe tener en cuenta cada momento , en cada hora de nuestra vida relacional y fraterna. El trato ha de ser de una respetabilidad mutua y sin prejuicio. Es decir, que Creemos que Dios no nos envía a condenar a nadie, creemos en el poder del amor que sirve hasta la muerte. Creemos que la salvación nos llega por la cruz y la glorificación del Señor[31]. Esta  es el principio dinámico que penetra, orienta y da sentido a nuestra vida.

Ahora bien, vimos que la obediencia desde nuestras reglas sin separarla con los demás consejos evangélicos, es aquella que directamente nos pone en esta actitud de disponibilidad en el servicio. En las Reglas numero 52 estipula así: La obediencia nos pone en escucha continua de la Palabra de Dios. Los superiores sean hombres de oración y amantes de la comunidad, para ayudar a los hermanos a discernir la voluntad de Dios. Guíense por la norma evangélica de que el primero será el servidor de todos. Animen siempre y estimulen.

Por consiguiente, el amor ha de ser un pilar básico y sólido para nuestra Congregación, como un regalo de Dios a través del ejemplo  de  nuestro fundador, misionero del amor. ¡Somos lo que amamos!.

 

 

CONCLUSIÓN.

 

A lo largo de estas páginas nos  hemos enriquecido del todo lo que fuimos descubriendo desde el ministerio y el servicio. Ello nos ha permitido ahondar en la espiritualidad del corazón, el gran pozo de nuestra tradición. El fundador en su dejar hacer a Dios, intuyó muy bien que la civilización del amor, consiste en vivenciar la compasión y la misericordia,  sentirse amado y amante. Sin embargo, nos lo legó como una herencia, para que este amor se extendiera a todo varón y mujer de nuestra historia. Nunca ha cesado de exhortarnos en amarnos como los Sagrados Corazones de Jesús y de Maria.

La civilización del amor, iniciada por Jesús deseando que el hombre participara de la obra redentora desde su pasión y resurrección por amor para los hombres. En realidad, la espiritualidad del corazón es la característica propia de todo bautizado, nos introduce en este misterio de muerte y vida., de servicio y entrega. Es el umbral de un misionero, sobre todo el de los Sagrados Corazones, quien por la gracia de Dios ha tenido un ejemplo cercano, como fue nuestro fundador: un misionero de corazón. del amor.

La constante insistencia sobre la civilización del amor, del corazón, como entraña de la persona, anima estas piedras sagradas ( dar vida por amor a sus amigos y la figura de la fidelidad al amor a los Sagrados Corazones de nuestro fundador), que rememora la experiencia de vida, la entrega a la misión, la contemplación  constante a los Sagrados Corazones. Estas piedras sagradas, como herencia y ejemplo para seguir sembrando en la tierra.

 


[1] AAVV, Diccionario Manuel Griego, griego clásico-español

[2] AAVV, Diccionario Teológico de Vida Consagrada, p. 1380-1381

[3] Idem. p. 1797

[4] AAVV, Diccionario Patrístico y de la antigüedad Cristiana, II, J-Z, p. 7444?

[5] AAVV, Diccionario Teológico de Vida Consagrada, p.1026

[6] MANUEL SOLER PALÁ, msscc, el corazón humano de Dios,  p.17-18

[7] idem, p. 17

[8] Cf. Mt. 28, 18-19

[9] Flp. 2, 6-8

[10] op.cit., p.19

[11] ANSELM GRÛN Y MEINRAD DUFNER, Una espiritualidad desde abajo, p.23

[12] JON SOBRINO, Espiritualidad y Seguimiento de Jesús, en Mysterium Liberationis, conceptos fundamentales de la Teología de la liberación, Tomo II, p. 461

[13] STUHLMUELLER, Carrol, cp., Evangelio según san Lucas, en comentarios bíblicos,  p. 336-337

[14] BONNARD, P., Evangelio según San Mateo, 1970, p. 92-94

[15] Mt. 26,62-63

[16] SOBRINO JON, Teología desde la realidad, en, Panorama de la teología Latinoamericana, 2001, p. 622

[17] ...Para que os conceda, por la riqueza de su gloria, fortaleceros interiormente, mediante la acción de su Espíritu; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios.

[18] ...Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.

[19] ...Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

[20] ...Y, como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:!Abbá, Padre!

[21] Estudiamos y meditamos con detenimiento los textos evangélicos Mt 6,33 y Jn 15,16, elegidos por el Fundador. Ambos  son fundamentales y presuponen el principio dinámico (Dios nos ama). Leídos en el contexto histórico-eclesial de nuestros días, expresan nuestra respuesta vocacional y nos señalan el camino que conduce a la “unidad de vida”. Directorio n.5.

[22] BLANK J. El Evangelio según San Juan,  tomo segundo Cap. XIII – XVII p. 156

[23] Reglas, n. 5.

[24] El considerarme solo con Dios solo, en la cima de aquel solitario monte, todo lo dulcificaba. En mi alma sobreabundaba el consuelo, hasta el punto que, con nadie cambiara mi suerte. NC IX, p. 37

[25] El fundador en su experiencia del Tabor, escribe una carta al obispo Cervera (30-08-1897), donde expresa esta experiencia del Tabor, como manifestación del Dios que atrae, que enamora. Por eso, el Tabor se convierte en una llamada al descenso hasta la historia: Comprendo que el Señor con esos confites quería atraerme a sí, cual lo hace un padre con su pequeñuelo, mientras que me llevaba a camino de darme a comer un día pan con corteza, precisándome a seguir la espinosa carrera que en su mente divina me tenía reservada..., Positio, Vol. II p. 749

[26] PIET VAN BREMEN, sj. Lo que cuenta es el amor, en Ejercicios Espirituales en la vida, 2000, p. 11-12

[27] Directorio Arts. 188-233, p.84-101

[28] DOCE, p.125

[29] Reglas, n. 71.

[30] Reglas, n. 107

[31] Reglas, n. 15